Este concepto se centra en la idea de que un intercambio cultural en gastronomía en Estados Unidos no solo implica aprender nuevas técnicas culinarias, sino también sumergirse en las historias y tradiciones que rodean a los ingredientes locales. Los participantes tendrán la oportunidad de explorar mercados, colaborar con productores locales y comprender cómo la cultura influye en la creación de platos.